El clan de Ferrolterra sigue colocando figuras en el tablero. Guillermo Grandío aterriza en la Diputación de A Coruña para controlar todas las obras. Curioso, justo cuando menos obras hay don Calvo, el presi, ficha a un coordinador general. ¡Viva la austeridad! El mosqueo entre el funcionariado es importante. Guillermo, gran concocedor de las empresas constructoras (más de unas que de otras) hará un trabajo fino. La Diputación coruñesa se pasa al lado oscuro. Diego Calvo apuesta por el modelo Louzán frente al aplicado por Negreira en la Alcaldía. Calvo no tiene un pelo de tonto pero corre el riesgo de pasarse de listo. Por cierto, solo falta Emilio García Gallego para que el cuiñismo campe por sus repetos.