Desde el socialismo coruñés partió la idea de enviar a Negreira al Senado. Un regalo envenenado que pretendía socavar la solidez del actual alcalde. Se buscó al periodista que filtrara la noticia y el anzuelo estaba ya en el agua. Pero don Carlos no picó. Se dió cuenta del engaño. En su día renunció a ser conselleiro y ahora no iba a pringarse por un puesto en la cámara Alta. Don Carlos lo tiene claro, menos cargos y más cargas. La ciudad le necesita las 24 horas.