El Confidencial
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José Manuel López García
Teresa Antequera
Observatorio del sur

El área, ahora no

Visto lo visto y sin sorpresas, el proyecto de Area Metropolitana de Vigo, tras el debate en el Pleno del Parlamento esta semana, duerme el sueño de los justos en el último cajón de Presidencia. Conocidas de antemano las posturas del gobierno bipartito de rechazar el antiguo proyecto consensuado por diversas fuerzas políticas de 14 concellos del sur; conocido el “papeliño” infumable de Méndez Romeu enviado a la alcaldesa de Vigo donde concebía el Area como un consorcio tutelado, dirigido y controlado por la Xunta, era de prever el resultado final en el Parlamento. ¿Y ahora que?. En primer lugar Psoe y BNG tienen que explicar muy bien por el sur, el por qué del rechazo y cuál es su proyecto, nada claro, que quiere para construir las áreas metropolitanas. En el sur, en Vigo, ya se palpa un ambiente victimista de agravio y se dice que hasta que a A Coruña no constituya su Area, Vigo no la tendrá. Méndez Romeu, Touriño -no olvidemos que además de presidente es el cabeza de lista por Pontevedra y le votaron muchos vigueses- y el Bng, tendrán que ser muy sutiles al respecto y explicarlo bien. Aunque la estrategia clara de los dos partidos es no volver a sacar el tema hasta pasadas las elecciones municipales para que no sea motivo de debate, mucho me temo que sí lo va a ser. Para calmar los ánimos dicen que hay que estudiar el tema porque puede suponer la desaparición de las Diputaciones y que en dos o tres meses podría estar lista el Area Metropolitana viguesa. Ni va a ser cierto y además, si así se hiciese, sería un error y falta de seriedad politica. El tema es gordo, trascendental para la futura estructura administrativa de Galicia y no se puede despachar por intereses electorales. Rechazada en su primitivo proyecto, ahora no se puede plantear el tema en solitario. El Area, ahora no.

La reforma administrativa de Galicia es una asignatura pendiente que hay que abordar en su totalidad. ¿Hay que crear áreas metropolitanas alrededor de las grandes urbes de Vigo y A Coruña? ¿Cómo debe ser el nuevo modelo de comarca? ¿Va a seguir la parroquia? ¿Será necesaria la fusión de municipios para que tengan un mínimo de servicios y medios? ¿Reformamos los partidos judiciales? Así podríamos seguir con más temas.

Sin duda que todo esto debe recogerlo el nuevo estatuto de autonomía donde deben quedar claras estas cuestiones. Por mucho que duela y que, incluso no sea rentable o se rechacen en algunas zonas, los partidos deben afrontar su responsabilidad ¿Y las Diputaciones? ¿Hay que suprimirlas totalmente o podría ser el organismo que coordinara a las comarcas que queden fuera de las áreas metropolitanas y dependientes de la Xunta? El debate va a ser duro y con presiones por todos lados hacia los partidos gobernantes. La más pura lógica dicta que, de crear áreas metropolitanas estas sean las de Vigo y A Coruña. Pero, ¿lo permitirán Santiago, Ourense y Lugo?

Todo esto, repito, forma parte de ese gran trabajo de conformar la nueva estructura administrativa de Galicia. Pero a uno, veterano periodista que ha sido testigo del devenir municipal gallego desde el advenimiento de la democracia le preocupa otra cuestión de fondo. En la tertulia diaria de Radio Líder Galicia fue invitada una noche una experta en derecho administrativo y se habló del tema. No sé si su subconsciente o una realidad palpable y sentida en muchos sectores políticos de las poltronas de San Caetano, dijo en un momento. “Vigo no se puede creer que pueda ser la ‘prima donna’ de su área metropolitana y la Xunta está en su derecho en pensar e impedir que estas superestructuras municipales se constituyan en un contrapoder a Santiago”.

¡¡Bingo¡¡¡ Esa es la cuestión, el temor de la Xunta que cualquiera de los centros urbanos, Vigo o A Coruña, adquirían un poder que los cuestione, les presione y obligue. Por eso no extraña que en el “papeliño” enviado por Méndez Romeu se concibió como un consorcio tutelado, controlado y dirigido desde Santiago, y que hasta la presidencia sea rotatoria cuando nadie puso en duda en el sur, que esa presidencia la ostente Vigo por su magnitud y calado. Todo, en la oposición, es muy bonito. En la poltrona todo cambia de color. Una cosa es que estas áreas metropolitanas estén coordinadas con la Xunta y otra que las tutele con paternalismo, por si acaso.

Nuestros políticos olvidan que tenemos que acometer la segunda transición que recoge, o tiene que recoger, la transferencia de competencias y medios que hoy tienen los gobiernos autónomos a los concellos, son reacios a hacerlo y están siendo presionados por la FEMP, la FEGAMP y que el gobierno central se está planteando. Si el estado autonómico sólo ha supuesto cambiar el centralismo de Madrid a Santiago, Sevilla, Valencia o Mérida, etc., poco hemos avanzado. Pero esta segunda transición va a comenzar por mucho que se oponga los centralistas gobiernos autonómicos. Y sin distinción de colores. Todos los partidos, en esto, son iguales. Aprovechemos los nuevos estatutos para hacerlo.

Manuel López Prado


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